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Lo primero será hablar del presidente. Hombre, uno puede estar de acuerdo o no con Uribe. Uno puede armar grupos de facebook que se dediquen a venerarlo y hasta cometer la cursilería de referirse a él como "mi presidente", lo mismo que uno diría "mi jefecito que me paga el sueldo" o "mi tía que me regaló el bluyín negro en diciembre". Igual derecho asiste a quienes circulan videos en línea que, a la usanza de los documentales, reseñan todas sus conexiones con mafiosos, sicarios, contrabandistas, fufurufas y uno que otro cura (entre otras, no entiendo por qué tales videos son narrados por una persona que se esfuerza casi hasta las lágrimas por hablar como colombiano, pero de repente suelta un "Antioquía", ojo a la tilde, como si dicho departamento fuera la mismísima región en donde se estableció tempranamente la cristiandad... lo único que falta es que Medellín sea rebautizada "Pisidia") o a los que crean grupos virtuales que se rasgan las vestiduras porque el tipo amenazó a algún manzanillo con romperle la cara.
En una sociedad civilizada tiene que haber espacio para disentir. Es dolorosa, por lo tanto, la profunda polarización (verbo que, incidentalmente, nada tiene que ver con el Polo) que se siente en el país. Hay una fractura irreparable entre "buenos" y "malos" y cada grupo ve en su contraparte al demonio.
Voy a ser realmente franco respecto de mi postura. Creo yo que el presidente Uribe es un tipo con un espíritu de trabajo infatigable. Es un presidente con dolor de país y eso nadie puede quitárselo. Le ha dado candela a la guerrilla más corrupta y asquerosa que ha parido la tierra y la economía ha crecido. Todo esto gusta y hace que su popularidad se sostenga bien arriba.
Ahora satisfaré a sus detractores. Es un desastre que su parche esté untado de mugre paramilitar (en otra ocasión y a pedido del respetable, trataré de explicar por qué los paracos son tan indeseables como los guerrillos). Es una vergüenza que la corrupción no haya dejado de contaminar las esferas más altas de la política en sus dos administraciones. Y es francamente inaceptable que el carácter sagrado de la Constitución se sacrifique en aras del caudillismo.
Me confunde, por otra parte, que las expresiones de ilustres funcionarios disten tanto de la decencia y cordura con que debe emprenderse la búsqueda de la reconciliación. Más exactamente, no sé qué es más grave: que un ministro le mande a decir a Alfonso Cano que negocie so pena de ser exterminado como una cucaracha o que su jefe no desdeñe este lenguaje incendiario y guerrerista. Parece que después de tantas décadas echadas al retrete no hemos aprendido que el triunfo militar es imposible y que el motivo central de la presión sobre las Farc es traerlas, menos arrogantes, a la mesa de diálogo.
Hay tanto que alabar y tanto más que criticar de este gobierno. Dos cosas más se me vienen a la cabeza y ya con ésta me despido: las relaciones internacionales del país y su deuda más urgente (la social).
La manguala de Colombia con los Estados Unidos es un arma de doble filo. Siempre será más cómodo estar en la familia del rico que en la del pobre. Si no creen, que lo diga México, que ahora hasta se da el lujo de querer contratar a Sven-Goran Eriksson como técnico del "Tri". Eso si es desarrollo, ¿cierto? No obstante y como me lo recuerda constantemente el gran Jaime González evocando a los científicos de la pesadumbre, "no hay almuerzo gratis". El maridaje con los gringos viene al costo elevado de restringir la aplicación del sano discurso multilateralista que con tanta alharaca se pregona. El problema es que ciertos vecinos están infectados de un populismo que da grima. La disyuntiva parece no admitir término medio: nos seguimos colgando de los Estados Unidos en detrimento de nuestras relaciones con el resto del barrio o nos acercamos al barrio, con todo y los esperpentos que lo pueblan, aunque llueva garrote desde el imperio. Y mientras tanto, el arbusto quiere montar su base en la Guajira y el rey de bastos se arma hasta los dientes para atacarnos. Qué cuadro más triste. Pero reitero la postura que hace poco compartí con uno de mis amigos más queridos (quien, a propósito, me contesto con un silencio austero): no rotundo a la intervención militar en Colombia de imperios o seudo-imperios.
Tema complicadísimo, aunque no más que el de la onerosa deuda social. El país es una bomba de tiempo, pero el detonante no va a ser la batería irreflexiva de fusiles rusos (donados por quien ya sabemos) que blanden nuestros anacrónicos forajidos. El detonante está en las urnas. La guerra ha servido de pretexto para no atender las necesidades apremiantes de la mayoría, que ciertamente no son carros o nevecones sino salud, educación, seguridad y justicia. Que no se extrañe la gente que va de "brunch" los domingos a TGIF cuando los de ruana se den cuenta de que la cédula también sirve para votar, porque la izquierda llegará al poder de manera casi tan irrefutable como el determinismo histórico (ja-ja-ja). Lo simpático es que en la izquierda pasa lo mismo que en la derecha: hay algunos que piensan con la cabeza, pero hay otros que simplemente no piensan. ¿En manos de quiénes quedará Colombia: de los da Silvas y Bachelets o de los Chávez y Correas?
Mejor dicho, "mi presidente" me gusta y no me gusta, a riesgo de sonar como el odontólogo Maturana.
Por: José Dario Ramírez Rocha
La semana pasada se supo que el computador de Salvatore Mancuso y otros ex jefes paramilitares, extraditados a Estados Unidos, no aparecían. En esos PC’s podría haber información sobre delitos de lesa humanidad y vínculos de varios políticos con las Autodefensas Unidas de Colombia.
El Ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, dijo que estaba sorprendido por la pérdida de los computadores. “Pensé que ese material estaba en buen recaudo (…) No se entiende cómo después de una acción tan bien ejecutada (como la extradición) haya sucedido esto”.
Tratando de dar una explicación sobre el paradero del computador de Salvatore Mancuso, el director del Inpec, general Eduardo Morales Beltrán, dijo que el computador del jefe paramilitar salió de la cárcel de máxima seguridad de Itagüí el pasado 9 de mayo porque tenía un “virus”, pero el ordenador debía haber vuelto al día siguiente, pero nunca regresó.
Lo que sí es cierto, es que la valiosa información que contenían esos computadores está desaparecida y no hay rastro alguno de que se recuperé y muchos secretos que tienen o tenían las Auc con políticos no se sabrán.
Por la desaparición de los computadores de los ex jefes paramilitares tienen que rodar muchas cabezas, sobre todo las del Inec, quienes son los que brindan la seguridad en las cárceles del país.
Seguramente también se exigirán investigaciones, pero el grave fondo es que simplemente sin nombres, fechas o hechos denunciados, no habrá investigaciones; y aquel horror, simplemente se olvidará, como tantos otros crímenes políticos en la historia de colombia.
Fiscales que llegaron a la carcel de Itagüí se encontraron con una sorpresiva noticia: los discos duros de los portátiles de Mancuso, y otros jefes paramilitares extraditados, fueron manipulados.
Al respecto, el senador Gustavo Petro dijo que"se revela que hay todo un procedimiento para ocultar la verdad sobre el paramilitarismo en Colombia".
El senador aseguró que hay fuertes intereses en Colombia que quieren que la verdad no aparezca y agregó que "todo corresponde a la cadena del ocultamiento de la verdad sobre el paramilitarismo, incluida la extradición".
Ante información surgida de los fiscales, la Dijín afirmó que no se ha procedido a la incautación de ningún elemento de los paramilitares.
Según la entidad, se ha pedido al Inpec que custodie las pertenencias y las pongan a disposición de la Fiscalía.
¿Quieren ocultar la verdad del paramilitarismo, como dice Petro?
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Computadores de 'paras' extraditados habrían sido manipulados